REHABILITACION BARRIO AGRICULTURA

Caracas  1999  

Proyecto de Habilitación de Barrio, obtenido por concurso

El rancho, con su propagación explosiva, ha demostrado ser la solución más exitosa al problema de la habitación popular. Es la célula básica de un tejido cada vez más extenso: el barrio, piel de bloques de arcilla, platabandas y techos de zinc, con vida propia pero sin osamenta, órganos ni centros nerviosos; infinita e intrincada red de filamentos nerviosos, alimentada por la ciudad a partir de múltiples conexiones periféricas.

Cualquier iniciativa destinada a dotar esa piel de una estructura ósea, de un sistema nervioso y de órganos, debe partir de su célula básica. De lo contrario el injerto es rechazado.

La unidad de sustitución es ante todo un módulo constructivo que se desarrolla mimetizando el rancho, en variadas formas de agrupamiento: a lo largo de la vía, en escaleras, bajo puentes y finalmente, en conjuntos que construyen la transición con la ciudad. La nueva unidad se caracteriza por el uso del porche, instrumento de apropiación por parte del habitante, del entorno inmediato, ampliación simbólica de la casa. La calle y la vereda se convierten en espacios semipúblicos, que al perder su anonimato cobran vida y otorgan seguridad. Las puertas dejan de ser puertas para ser porches y verandas; los pasillos, galerías abiertas y lugar de encuentro, áreas de circulación amplias y generosas, que propician la integración comunitaria.

Los grupos de habitación (casa vía, casa escalera, casa puente), conforman vías, escaleras y puentes, y actúan como instrumento de interconexión vertical y horizontal, a nivel peatonal, vehicular y de redes de infraestructura. Su forma lineal permite avanzar por etapas y reduce el impacto en la estructura topológica y social del tejido existente: en línea, los grupos integran; concentrados, segregan.

Los conjuntos de habitación (casa conjunto), colocados exclusivamente en los espacios fronterizos, señalan y establecen la transición con la ciudad. Sus características arquitectónicas (forma lineal y escalonada, de lado y lado de vías continuas sin calles ciegas), los integran al tejido del barrio sin competir ni sobre posicionarse a él.

La plaza vecinal, ícono de cada uno de los dieciocho barrios, es redoma de confluencia, de ordenación y regulación del tránsito vehicular. Propicia el uso múltiple.

El centro comunal jerarquiza los accesos. La Plaza Mayor de Petare, confluencia del transporte público urbano y local, foco de actividad comercial y recreativa, constituye un nuevo dispositivo vial que agiliza el intercambio entre la ciudad y el barrio: la plaza compartida rompe la ghetización.

La comunidad se organiza con la obra en cuatro niveles de participación y decisión: condominio, asociación, consorcio y conglomerado, organismos autogestivos jerarquizados y con identidad propia: de la guardería a la escuela, de la vereda a la calle, de la calle al centro comunal, de allí a la ciudad: el recorrido del hombre que deja de ser simple habitante para convertirse en ciudadano.

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